Nociones básicas de IA que todo el mundo ya debería saber (explicado sin palabras raras)

Fotografía de una varita mágica rota por la mitad sobre un libro abierto lleno de fórmulas de estadística, simbolizando que la IA es matemáticas y no magia

Desde que me matriculé en el grado de Inteligencia Artificial, las comidas familiares son un interrogatorio constante. Mis tíos y amigos no paran de preguntarme si los robots nos van a quitar el trabajo a todos o si Terminator está a la vuelta de la esquina. Spoiler: no. La verdad es que la IA tiene cero de magia oscura y muchísimo de estadística de primero de bachillerato.

Aquí te suelto lo que he aprendido estos meses, sin flipadas de experto y en cristiano, para que entiendas de qué va esto realmente.

Un algoritmo no es lo mismo que una IA

Para entender el mundillo, hay que ver la diferencia entre un programa tradicional y una Inteligencia Artificial. Piensa en una tortilla de patatas.

Un algoritmo clásico es la receta de toda la vida: "Paso 1: pela tres patatas. Paso 2: fríelas. Paso 3: bate los huevos". Son instrucciones estrictas. Si te saltas un paso o cambias algo, el ordenador colapsa y no sabe qué hacer porque es súper cuadriculado.

En cambio, a una IA no le das instrucciones de cocina. Le enseñas diez mil fotos de tortillas de patatas ya hechas y otras diez mil de cosas que no son tortillas. A base de mirar ejemplos, el sistema saca sus propias conclusiones matemáticas de qué pinta tiene que tener el plato, aunque nadie le haya explicado cómo se pela una patata.

Machine Learning: El truco del perro

A esto de aprender a base de ejemplos lo llamamos Aprendizaje Automático (o Machine Learning, para los que les gusta el postureo en inglés).

Piénsalo como cuando le enseñas un truco a tu perro. Si le dices "sienta" y se sienta, le das una galleta. Si sale corriendo a ladrarle al vecino, no hay premio.

Con la IA hacemos exactamente lo mismo. Le pasamos miles de fotos de perros y gatos. Cada vez que acierta diciendo "esto es un gato", le damos un "premio" matemático que refuerza su sistema. Si falla, se lo decimos para que corrija. Al final, después de procesar más datos de los que veríamos en tres vidas, se vuelve una experta en distinguir bigotes y orejas puntiagudas. No entiende qué es un animal, solo reconoce patrones.

Redes Neuronales: Un teléfono escacharrado súper organizado

Seguro que has escuchado lo de las Redes Neuronales. Suena a biología, a cerebros de laboratorio, a Matrix. Pues nada que ver, es puro marketing.

Imagínatelo como una partida gigante al "teléfono escacharrado", pero en una oficina donde todos trabajan en equipo.

Hay muchas capas de "jugadores". El primero recibe una imagen borrosa y dice: "creo que veo una línea curva". Se lo pasa al siguiente grupo, que lo analiza y dice: "pues esa curva parece el borde de una rueda". La información va pasando de grupo en grupo hasta que la última fila de jugadores vota y decide: "Chicos, por mayoría matemática, hemos decidido que esto es un coche". Cada uno hace una tarea diminuta para resolver el puzzle gigante.

¿ChatGPT piensa? Spoiler: No.

Y aquí llegamos a la estrella del momento: ChatGPT. Quiero dejar esto clarísimo: ChatGPT NO piensa. No razona, no tiene sentimientos y no te está entendiendo cuando le cuentas tus dramas vitales.

¿Te has fijado en el autocompletar del teclado de tu móvil? Ese que te sugiere la siguiente palabra cuando escribes un mensaje. Pues ChatGPT es exactamente eso, pero hipervitaminado y después de haberse leído medio internet.

Simplemente adivina estadísticamente cuál es la siguiente palabra lógica que debería poner basándose en lo que le acabas de preguntar. Suena súper humano, pero en el fondo solo está encadenando palabras que tienen muchas probabilidades de ir juntas.

Alucinaciones: El "cuñado" de las IAs

Claro, jugar a adivinar la siguiente palabra a veces sale mal, y aquí es donde entran las famosas alucinaciones.

Una alucinación es, literalmente, el cuñado de las IAs. Es ese momento en el que el programa no tiene ni la más remota idea de cuál es la respuesta a lo que le has preguntado, pero en lugar de decirte "oye, no lo sé", te miente a la cara inventándose los datos con una seguridad y una confianza absolutas. Te va a soltar una mentira que sonará tan profesional, articulada y convincente que te la vas a creer.

Así que ya sabes, la próxima vez que leas titulares catastrofistas, respira hondo. No hay cerebros malvados dentro de tu ordenador, solo matemáticas haciendo su trabajo muy rápido. Deja de tenerle miedo a la IA, ábrete una cuenta en alguna de estas aplicaciones y trastea un rato con ella. Mírala como lo que es: una herramienta más de nuestro día a día, igual que en su momento lo fue la calculadora. ¡Nos vemos en el próximo café!